Historia y tradición

Foto mujer
Mujer portando un ataúd el día de la Romería

Esta romería es calificada como la más antigua de las romería gallegas, por su arraigo y tradición.

La devoción a Santa Marta es una manifestación de fé en la intercesión de quién gozó de la confianza de Jesús de Nazareth. MARTA aparece en el Nuevo Testamento citada por S. Lucas y S. Juán, como hermana de Lázaro y María Magdalena. Una familia allegada al Mesías al que daban cobijo y hospedaje a su paso por Betania, población hebrea situada a escasos kilómetros de Jerusalén. Su estrecha relación con Jesús la convirtió en una de las Santas Mujeres que le siguió hasta la Cruz y su casa se convirtió en un centro de devoción hasta que ella y su familia fueron expulsados de Judea por el poder establecido.

El hecho diferencial de la romería de Santa Marta tiene como base esa relación con Jesús y la muerte de su hermano Lázaro allá por el año 782 de la fundación de Roma (potencia dominante en aquel tiempo) o 29 de la era cristiana, a 4 de la crucifixión. La plegaria de Marta solicitando la intervención de Jesús para que volviera a la vida a su hermano Lázaro, que llevaba 4 días muerto, hace de Marta, al concederle la gracia de la resurrección de su hermano, la intercesora ideal para suplicarla en los momentos críticos de la vida.

Plegaria que entonan los romeros que cada año peregrinan al santuario de Ribarteme. “Virxen Santa Marta, reina de la gloria, todo el que se ofrece, sale con victoria”; Virxen Santa Marta, estrela do norte, que lle deu a vida ó que estivo á morte”

La tradición cuenta que Marta de Betania y su familia abandonan su casa con rumbo a occidente y recalan en la costa de Francia, donde anuncia la doctrina de Cristo por la baja Provenza y se registran sus primeros milagros, entre ellos devolver la vida a un náufrago y someter a un dragón que devoraba a los habitantes de aquellos parajes. Haciendo la señal de la cruz y atándolo con su ceñidor, lo llevó a la ciudad de Marsella (la imagen de Santa Marta de Ribarteme conserva el dragón a sus pies, en recuerdo de este pasaje). Marta, tras llevar una vida de santidad y evangelización desde un monasterio fundado en la Provenza, habría muerto a los 65 años el 29 de julio del año 70.

 

 

Teorías sobre el origen y su llegada a Ribarteme

Su devoción podría haber llegado a Galicia con alguna de las órdenes religiosas que penetraron a través del camino Xacobeo francés en la Edad Media, dada la impronta de algunas como el Cister, en el trasvase de conocimientos, pero de ello no nos cuenta nada la tradición, aunque existieron cenobios (Moradella) en la zona donde hoy solo hay ruinas o alguna capilla vinculada en el valle que acoge la romería. De lo que no cabe duda es que la “mesonera de Betania” lleva varios siglos en Ribarteme haciendo gala de sus intercesiones milagrosas y la religiosidad del valle aflora en capillas, cruceiros, petos de ánimas y sobre todo en el santuario.

 

Procesión en santa marta de ribarteme
Cortejo con acompañamiento, camino a la Iglesia 1951

 

Una segunda teoría, tampoco desdeñable, concibe el arraigo de la devoción a Santa Marta en el Valle del Termes, fomentada por hidalgos de las casas nobiliarias asentadas en estas tierras, que hubieran participado en Cruzadas cristianas y a su paso por Marsella habrían recogido la fe en Santa Marta y recurrido a la intercesora en sufridas batallas, para agradecerle a su regreso en la procesión de los ataúdes, haber salido vivos y no muertos.

Ambas teorías debemos situarlas en el ámbito de la tradición, no demostrables pero sí con encaje en el devenir de nuestra historia. Y que, en todo caso, situaría el origen de la Romería de Santa Marta y sus formas tan ancestrales en plena Edad Media.

Trayectoria histórica

Desde los testimonios evangélicos que dan prueba de la existencia de Marta y su cercanía al hijo de Dios, hasta el tiempo presente, recorremos un intervalo en el que la tradición es el único sustento de una romería que, al igual que la inmensa mayoría de las celebradas en Galicia, se pierde en la noche de los tiempos. Pero algunos hechos son irrefutables.

El actual santuario de Santa Marta tiene su origen en la transformación en iglesia parroquial de la capilla dedicada a la Santa ubicada en el barrio de A Cortegosa; conocido hoy como lugar “da capilla”. Aunque la romería se remonta siglos atrás, la primera mención que se conserva data de 1700, cuando un obispo ordena reparar la mencionada capilla de Santa Marta. Un documento posterior fechado a 16 de octubre de 1722, hace alusión a la reedificación de la misma, por orden de D. Jacinto Gil Araujo y Puga(1674-1757), por el que “funda patronato de legos y capilla laical en el santuario y ermita de Santa Marta”. Este patrono, descendiente de la Casa de Barro (casa noble, cuyos restos permanecen al otro lado del río, cuyo mayorazgo fue fundado por Alvaro Gil, con privilegio de presentar los beneficios curados de las parroquias de Santiago y S. Cipriano), era Comisario del Santo Oficio (Inquisición) y abad de Santiago de Ribarteme desde 1710, abadía e iglesia troncal de la que se desgajan las otras dos. En la fundación del patronato designa como sucesor a su supuesto nieto D. Alvaro Jacinto Gil Araujo y Barbeito, hijo de Alonso Gil de Araujo y Antonia Martínez de Barbeito, quienes le representarán hasta su mayoría de edad y grado sacerdotal. Sería también Comisario del Santo Oficio.

Testimonios de aquellos privilegios los hallamos todavía hoy en los dos únicos panteones adheridos al actual templo. Uno, situado a la izquierda de la entrada principal de propiedad de la familia de los Pereira y Suárez-Sequeiros, una de las líneas descendientes del entronque de las Casas de Barro y Barreiro, cuya propiedad de las ruinas blasonadas de aquella aún conservan sus herederos. El escudo que representa a la casa de Barro se exhibe hoy en su residencia familiar de S. José, en sitio de Coto y lugar de Casal da Vila (términos comunes en el sistema feudal) La otra, ubicada en el lateral derecho, propiedad a perpetuidad da cobijo desde 1947 a Avelino Durán Cuntín, descendiente de una línea emparentada con la casa de Barro por el matrimonio de Marcos Durán con Dominga Gil Araujo (hija ilegítima de Benito Gil Araujo, primer cura párroco de S. Cipriano como parroquia independiente. De aquel matrimonio es hijo Gonzalo Durán que casa en 1739 con Angela Gil y tienen por hija a Rosa Durán Gil. Dicha familia de los Durán donarían casi 200 años después la cruz de plata que hoy se exhibe en las procesiones de Santa Marta. Las casas de Barro en S. Cipriano y la de Barreiro en Santiago entroncan en 1671 cuando Alvaro Gil Araujo de la Casa de Barro, en segundas nupcias matrimonia con María Inés Suárez de Puga, viuda de la casa de Barreiro, teniendo como líneas originarias, la de Barro a la familia Gil Araujo y la de Barreiro a los Suárez de Puga.

 

Santa Marta de Ribarteme
Archivo histórico – Santa Marta de Ribarteme

 

Las peripecias y dificultades que traería el siguiente siglo no impidieron el desarrollo de la Romería de Santa Marta, sino más bien la acrecentaron. Uno de los momentos más críticos fue sin duda el período bélico de la contienda civil española que transcurrió en esta parroquia con un sobresalto final. A pocos meses de la declaración de victoria del bando ganador, el santuario de Santa Marta aparecía en llamas en la noche del 24 al 25 de julio, de 1939, a 4 días de la Gran Romería, quedando el templo reducido a cenizas y calcinados todos los enseres que albergaba, incluidas todas las sagradas formas y la imagen de la santa venerada. Si bien los tiempos eran propicios para el abatimiento, los feligreses, lejos de amilanarse, unidos y confiados a su protectora Santa Marta, desarrollaron una actividad febril que bien prueban 40 aserradores desplazados a los montes ya el día 25, logrando festejar la romería en su día. Para ello improvisaron altares, trajeron imágenes de la iglesia de Santiago y sacaron en procesión la ampliación de una fotografía de Santa Marta, ante la imposibilidad de contar con una nueva imagen.

El elevado grado de solidaridad y donativos recibidos de toda la diócesis y emigrantes parroquianos, se rehizo el nuevo templo y se construyó un lujoso altar de granito y mármol con baldaquino que da cobijo a la nueva imagen de Santa Marta. La generosidad de los romeros y el entusiasmo de los parroquianos ha llevado a conservar con mimo este santuario, manifiestamente visible en las obras realizadas en el último cuarto del siglo XX: ampliaciones del cementerio, creación de áreas de recreo, nuevas fuentes, nuevo palco para las bandas de música o nueva pavimentación del atrio de la iglesia o renovación de su propia techumbre. Más recientemente (2015), la incorporación de un altar monolítico en piedra blanca autóctona que preside el presbiterio, cuyo pavimento fue renovado en granito verdegris traído de Sudamérica.

Unas veces de forma colectiva otras a título individual, los devotos de Santa Marta dejan la huella de su fé en su protectora: un ejemplo de ello es la donación de la Cruz de plata que se exhibe en las procesiones por la familia Durán y Gil (emigrantes en Brasil) en 1907, o la más reciente donación (2004) de una talla en piedra natural de Santa Marta a escala real, del emigrante en Madrid Modesto Gómez Marino, ubicada frente a la puerta principal del santuario “vigilando y protegiendo a los transeúntes”, Y una nueva corona de oro salida del mismo taller que la de la Macarena de Sevilla.

 

niños portando al niño Jesús
Niños portando al Niño Jesús durante la procesión

 

El fervor y devoción que suscita esta romería a nivel popular hace que cada año peregrinen hasta el valle del Termes romeros de todas partes de Galicia. En el pasado tuvo fuerte arraigo a la otra orilla del Miño y la tradición portuguesa se extendia hasta las formas decorativas que ornaban los santos que en procesión acompañan a Santa Marta en su recorrido por el santuario, hoy los medios de comunicación e internet han ampliado de tal manera sus horizontes por el atractivo que suscitan sus formas ancestrales que ya no extraña la presencia de británicos, germanos o nipones en la Romería de Santa Marta.

C.- HECHOS DIFERENCIALES

Por su origen, ancestral

Por su fe, consoladora

Por su tipismo, única

Por su paisaje, incomparable

Confiados en la protección de Santa Marta, los peregrinos de esta Romería acuden al Santuario para rendir culto a su intercesora en el día de su fiesta. Enfundados en sudarios, con los cirios encendidos, encuentran en sus plegarias ante la imagen de la Santa, la luz que echan de menos en sus amargos momentos de dudas y sombras.

 

Romeros de Santa Marta
Romeros en Santa Marta de Ribarteme

 

En un amplio santuario ubicado en la ladera oeste de la mitad del valle, el paisaje se hace frondoso y solemne para arropar un templo austero que data de 1808. La fiesta y la romería podría ser una más por el olor a pulpo, la música de banda o la variedad de puestos de feria que disfrazan un decorado que acoge algo más profundo, el espíritu que guía y da valor a esta manifestación: el romero venido de lejos para cumplir con su sagrada misión: rendir culto y agradecer el favor de su intercesora Santa Marta.

¿Cómo lo hace?

Desde primeras horas de la mañana se celebran misas para los romeros. Éste se ofrece por él mismo o por algún familiar que algún día, en un momento crítico de su vida, se obligó a peregrinar a Santa Marta para solicitar o agradecer sus favores. Lo hace con las mortajas enfundadas y los cirios en alto recorriendo el santuario a pié o de rodillas, asistiendo a misa y siguiendo a su Santa en procesión y depositando sus donativos en pago de los favores recibidos. Si ésta es la forma más sencilla y comúnmente extendida entre las manifestaciones religiosas de este tipo, en Santa Marta de Ribarteme, la fe y la relevancia de las peticiones, se elevan en manifestaciones únicas.

Algunos romeros viniendo de otros lugares acceden al santuario escoltados por grupos de seis cantores entonando sus plegarias a Santa Marta. Y para hacer más creíble el trance que han soportado dejan ante el templo los ataúdes que simbolizan la muerte. O, ya como expresión suma de esta manifestación, se introducen en los mismos ataúdes para seguir a la Santa en procesión, soportando a cielo descubierto el sol de mediodía, conscientes de que sus vidas están en manos de Santa Marta. “Los que han vuelto a la vida” escenifican así el recorrido que habrían hecho de no ser por Santa Marta. Este hecho hace de la Romería de Santa Marta una síntesis de vida y muerte y la convierte en una romería morfológicamente única e irrepetible en la cultura popular gallega, lejos de magias y hechizos, sólo puro ritual de un s.o.s. a la divinidad.

¿Qué hay de único en Santa Marta de Ribarteme..?

1.- “Procesión de Cadaleitos” 

El simple calificativo de “la romería de los muertos” que fue calando socialmente, lo explica. Los devotos de Santa Marta protagonizan “unha procesión de cadaleitos”. Un desfile de ataúdes, con los ofrecidos vivos en su interior, a hombros de familiares y amigos en una larga procesión, simulando muertos/vivos, que caminan junto a la Santa para solicitar su intervención por sí mismo o por un familiar enfermo grave, en un alarde de realismo a ultranza que ha llevado a ser catalogada como la segunda celebración más singular del mundo por el rotativo británico The Guardian.

 

Procesión de cadaleitos en Santa Marta de Ribarteme
Procesión de ataúdes en Santa Marta de Ribarteme

 

2.- Trinos de la plegaria 

Los ofrecidos a Santa Marta “envían” como mensajeros de sus ruegos a unos cantores en formación de dobles tríos, formados cada uno por dos mujeres y un hombre, que a medida que se acercan al santuario entonan las plegarias que repetirán durante la procesión. Esta plegarias, en estilo “alalá”, constituye un auténtico repertorio literario, de carácter juglaresco digno de escuchar, cuya letra y música exponemos en esta Web.

 

los cantores de Santa Marta
Los tres cantores en Santa Marta de Ribarteme

 

3.- Los amortajados

Son los ofrecidos, devotos y peticionarios de favores a Santa Marta que acuden a las celebraciones eucarísticas enfundados en sudarios o mortajas, para caminar durante la procesión junto a la Santa con sus velas de cera en mano, algunos de rodillas e incluso descalzos, poniendo en valor sus sacrificio.

 

Los amortajados en una procesión en Santa Marta
Los amortajados en una procesión en Santa Marta

 

4.- Los poxos 

A lo largo del recorrido que protagoniza la imagen de Santa Marta por el santuario, portada a hombros de los devotos, se van sucediendo los portadores previo donativo a la Santa, fieles a un código de relevos no escrito y admitido por todos. Siempre ha suscitado gran interés entre los seguidores ser el último en adentrar la imagen en el templo dispuestos a depositar la oferta mayor, estableciéndose antiguamente una puja a la puerta del templo.

5.- Otras Expresiones culturales.

En décadas pasadas las imágenes de los santos que escoltaban a Santa Mata en procesión, eran revestidos con ornamento de gala y decorados de tradición portuguesa.

De igual factura eran los Ramos y Espadañas portados por jóvenes en procesión . También en tiempos pasados asistían a la celebración danzas ancestrales de origen popular.